Suena como “burlesco”. ¡Qué lástima!

Rolando Fernández

Por Rolando Fernández

La verdad es que, cuando esos estimados por la población, solo como indoctos politiqueros, y nada más, que con regularidad presiden las Cámaras Legislativas de eso que en Dominicana llaman Congreso Nacional, invitan a votar en favor, o contra de cualquier moción sometida, a los ocupantes de las curules presentes, tal parece que, desconocen esos el real significado del término “honorable”; que, entre otras cosas, se refiere a: personas honradas, venerables, respetables, y distinguidas, según fuentes gramaticales consultadas.

Por eso utilizan en su seno la famosa frase, que luce hasta burlona, por cuánto se conoce sobre los componentes de este primer Poder del Estado nuestro, y que cada vez más trasciende hasta la opinión pública: “voten honorables”; en eso que luce como una especie de “jauría humana”, más que otra cosa, debido a las actitudes personales indebidas, y los comportamientos osados, como despreciables, que de ordinario allí se registran.

¡Sí!, donde la preocupación por este pueblo, y la defensa de la sociedad que seudo representan, brillan por su ausencia; en que nada más median los intereses personalizados y partidaristas; al igual que, la voluntad de levantar las manos para aprobar lo que sea, fungiéndose como caja de resonancia del Poder Ejecutivo de turno, y en pos de homologar iniciativas muchas veces desaprensivas, que desde ese se promueven con regularidad. ¡No hay contrapeso alguno para aquel, como es lo que debería ser!

Cuando allí se escucha decir a uno de los mandamases que dirigen a los tantos ahí considerados borregos: “voten honorables”, las paredes en esas salas parecen retumbar, como queriendo decir, aquí la honorabilidad brilla por su ausencia; lo que se tiene en estas curules son politiqueros, “levanta mano”, y busca lo de ellos; gente movida por intereses personales y grupales; nunca parecidos a verdaderos congresistas, de esos que se destacan en otras latitudes; que hacen un real trabajo en favor de sus sociedades.

Como un ejemplo más que ilustrativo se tiene aquí: “Un diputado leonelista y otro danilista se van a los puños en la Cámara de Diputados. (Periódico digital “Listín Diario”).

Tremendo espectáculo boxístico en pleno Congreso Nacional. ¡Qué vergüenza!, ese acto tan bochornoso, en una de sus sesiones últimas. Entre honrables, ¿verdad? ¡Cuánto descaro a la vista!

Cualquiera se preguntaría, y cómo es posible que en Dominicana, cualquiera pueda aspirar a ser senador, o diputado de la República; gente sin mérito real alguno: comunicadores mediocres, bachateros, merengueros malos, etc. “Eso llora ante la presencia de Dios”, como reza un dicho popular.  Ahora hay un grupo de seudo comunicadoras, de esas “brillosas” solo en la televisión y la radio nacional, que se creen capaces, pretendiendo ocupar posiciones legislativas en este país.

¡Ay mamacita, qué esperanza!; con la disponibilidad de tantas personas valiosas que tiene esta República, aptas en todos los órdenes, y tomando en consideración la importancia de ese primer Poder del Estado nacional, en términos de elaborar y aprobar leyes aplicables a toda una sociedad; como, el servir de control al Poder Ejecutivo, para bien del país. Y, de forma tal, que este sea dirigido con equidad, capacidad, mesura, honradez, etc.; sin distingo, ni favoritismo ciudadano alguno.

En consecuencia, la pregunta obvia sería: ¿y cómo es posible esa cualquierización congresual, entre gente de una sociedad que se supone algo civilizada?; qué sus componentes solo sean vistos, como tontos útiles, para ir a sufragar en las urnas, a partir de los procesos electorales embaucadores, y engañosos a todo dar.

El proceso electoral que se avecina representa, indudablemente, una nueva oportunidad para los dominicanos, y dirá si este país habrá de continuar en lo mismo; con un Poder Legislativo en manos de mediocres, “comerciantes de consentimientos”, y arribistas politiqueros, dictando leyes, “resolutando”, o adoptando decisiones, para toda una nación. ¡Esperemos!

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