¿Para qué nos sirve, si no es para aplicarlo… el poder?

Carlos Martínez Márquez

Por: Carlos Martínez Márquez

‘’Cuando el poder del amor supere el amor al poder, el mundo conocerá la paz’’. Jimi Hendrix

Hay un personaje político que dicha frase le es atribuida, refiriéndose, al ‘’poder’’. ¿Quién dice que es para utilizarlo, si no para el bien común? Lo hemos mal interpretado cada vez que viene un nuevo inquilino a palacio. Lo cierto es que quienes gobiernan, traen su propio guion. No dan fiel cumplimiento a lo que llamamos ‘’Estrategia Nacional de Desarrollo’’; es por ello, que siempre tendremos gobernantes con agendas improvisadas, que no responden a los requerimientos del ciudadano.

En política, [la verdad y la mentira] resulta ser la misma ‘’pendejada’’, ambas son infladas al extremo. Estos infelices políticos manejan a modo de pulperías la cosa pública, escribiendo en mascotas y lapiceros lo que registra el día a día y por otro lado lo que se les ocurra, de repente. Creería más en aquel político que no cumple lo que no ha de prometer, en aquel que no nos presente un ‘’DOSSIER’’ de propuestas — en la que ellos mismos ni creen— es una pérdida de tiempo escuchar a estas alturas, la receta de lo que no harán en sus próximos cuatro años.

La agenda de un gobernante esta circunscrita a las exigencias de quienes lo apoyan en campaña, aportando cuantiosas suma de dinero, que sin escrúpulos empiezan a sacarle factura al pueblo— castigándolos con pliegos de modificación de impuestos y alzas en los precios de primera necesidad, esas son las promesas de campañas que mas les interesan a los que imponen su regla de juego, las que no se mencionan. Las promesas que nos venden   son importadas. Nos venden una ilusión de vida a lo ‘’europeo’’ o cualquier otro lugar del planeta que se viva en modo paradisiaco, sacando del contexto real imaginario, a las favelas periféricas, donde solo se les ven encendiendo el ‘’fogón’’ una   vez durante el día. 

La pobreza es rentable y lucrativa en tiempos de certidumbre e incertidumbres; en los tiempos de cuarentena— el agiotismo— se hace presente y se hace un festín lo que respecta   a los establecimientos de productos alimenticios, nadie vigila lo que pasa allí dentro cuando al cierre están cambiando los precios para el día siguiente. No hay autoridad que se haga presente, para proteger al consumidor. Se hacen buenos negocios en tiempos de crisis. La intervención del gobierno es parca, no hay régimen de consecuencia para librar a la población del oportunismo.

A mi modo de ver lo que acontece en las últimas décadas, ha habido un desencanto en la política y lo referente al estado en su conjunto. El mal manejo del aparato estatal que emana de la capacidad de gobernar; en tal sentido resulta concluyente dar cuenta que el Estado y su representante (gobierno) sustenta el concepto del poder para dar firmeza a los aspectos que atañen a la voluntad de vida; eso seria lo ideal de que la ciudadanía sea compensada con un sentido de bienestar y garantías de vida que sean dignas para todos.

El poder político es aquel que posibilita el consenso entre la sociedad y el Estado, de igual forma la libertad que materializa voluntades para tomar decisiones inherentes a lo que debe tener limites y reglas. Estamos como ‘’chivos sin ley’’. Las ideologías han perdido su razón de ser, todo ha cambiado y nada ya es igual que antes. Hoy día, hacer política en sociedades como la nuestra, es mucho mas cuestarriba pensar que habrá una definición en la mentalidad del político para hacer las cosas correctas.

Al parecer, el poder absoluto, lo ostenta nadie. El control pasa de mano en mano cuando alguien lo pierde y entonces ahí viene la manipulación al intentar cambiar de un color a otro. El poder se aplica para beneficiarnos todos por igual, no para los grupos. La política seguirá siendo la misma que antes, solo que cambian de rostro. De ahí la canción ‘’quítate tú, para ponerme yo’’.  En fin, es la misma vaina.

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